LA EXPEDICIÓN KEICHO

Allá por el año 1609, don Rodrigo de Vivero, gobernador de las Filipinas, se vio sorprendido por una terrible tormenta durante su viaje a Nueva España (actual México) y su barco naufragó frente a la costa japonesa. Los trescientos marineros que iban en la embarcación fueron rescatados por los lugareños y llevados a Edo (actual Tokio) ante el Gran Shogun, el comandante en jefe de los ejércitos nipones.

Este le comunicó a don Rodrigo su deseo de establecer relaciones comerciales con España y sus territorios de ultramar. Para ello, ordenó la construcción de un barco que permitiera a los visitantes continuar su viaje. Cuando llegan a Acapulco en marzo de 1611, el virrey ordena al capitán Sebastián Vizcaíno que viaje a Japón para entregar al Gran Shogun el importe de la construcción del buque además de un cargamento de oro y plata como obsequio, en muestra de agradecimiento. Vizcaíno completa su misión, pero acaba naufragando semanas después en la isla de Hondo.

Por ese entonces, los católicos, que se habían extendido por el archipiélago gracias a los jesuitas y franciscanos sesenta años antes, estaban siendo perseguidos. Es entonces cuando el franciscano fray Luis Sotelo huye de Edo y pide asilo al señor de Sendai, a quien convence para que envíe una embajada a España. El señor de Sendai, Masamune Date, entusiasmado con la idea, ordena la construcción de un galeón bautizado como “Date Maru” (rebautizado por los españoles como “San Juan Bautista”) que sería el primer barco japonés en cruzar el Pacífico de oeste a este.


San Juan Bautista, en Ishinomaki, Japón

Así comenzó la Expedición Keicho, comandada por el samurai Hasekura Tsunenaga, que partió de Japón en 1613 con ciento cincuenta japoneses y con Sebastián Vizcaíno y los hombres que sobrevivieron al naufragio de Hondo. Los expedicionarios arribaron a Acapulco en enero de 1614 y desde allí se dirigieron a Ciudad de México, donde muchos recibieron el bautismo. Tras su estancia, se dirigen a Veracruz, desde donde parten a España en junio de ese mismo año.

Tras un calurosísimo recibimiento en Sanlúcar de Barrameda, son trasladados a Coria del Río, donde permanecerán durante diez días antes de ser llevados a Sevilla. En este momento, algunos japoneses, sabiendo la violenta persecución decretada en Japón contra los católicos y emocionados por la acogida y el cariñoso trato de los corianos, deciden quedarse a vivir. Estos nuevos vecinos, católicos de ojos rasgados llegados del otro lado del mundo, se casaron y tuvieron descendencia en este municipio sevillano, dando origen al apellido “Japón”, este apellido se debe a que el párroco anotó en las actas bautismales el país de origen de los padres ante la dificultad de escribir sus verdaderos nombres.

Mientras tanto, la embajada que iba dirección a Sevilla, fue recibida por Felipe III quien no respondió a sus peticiones al saber que eran emisarios de un señor feudal y no del soberano de Japón. Tras su corta estancia en Sevilla, continuaron su viaje hacia Roma, al Vaticano.

La Misión Keicho regresó a Japón, arribando a Nagasaki, en 1622. Hasekura Tsunenaga, bautizado como Felipe Francisco de Fachicura (el de la foto de portada) fue encarcelado inmediatamente y fray Luis Sotelo, que finalmente había obtenido el anhelado obispado de Mutsu de manos del Papa, fue quemado vivo.

Ciudadanos de Coria del Río con apellido Japón

En la actualidad, unas setecientas personas descienden directamente de los japoneses de la Expedición Keicho. El municipio de Coria del Río está hermanado con el de Sendai y son numerosas las asociaciones, encuentros y estudios que mantienen vivo el recuerdo de aquellos valientes hombres que abandonaron para siempre su país, convirtiéndose en nuestros compatriotas.

Sin duda una historia interesante y trepidante protagonizada mucho tiempo atrás pero que todavía está presente en la actualidad. ¿Conocías la expedición Keicho? ¿Te apellidas Japón? Dejanos tu comentario.

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